Prácticas incorrectas que ponen en riesgo a las empresas y al ambiente
Los residuos electrónicos forman parte de la actividad cotidiana de empresas, instituciones y organizaciones de todos los tamaños. Computadoras, servidores, impresoras, monitores, celulares y equipos de red se renuevan periódicamente, generando un volumen creciente de residuos que requieren una gestión específica. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes es subestimar la complejidad que implica disponer correctamente los residuos electrónicos y tratarlos como basura común o como un problema menor.
Un error habitual es almacenar residuos electrónicos de manera indefinida. Muchas empresas guardan equipos en desuso en depósitos, oficinas o salas técnicas “por las dudas”. Esta práctica no solo ocupa espacio y dificulta la organización interna, sino que también incrementa riesgos ambientales y de seguridad. Con el paso del tiempo, los residuos electrónicos pueden deteriorarse, liberar sustancias contaminantes o convertirse en un pasivo legal si no se gestionan conforme a la normativa vigente.
Otro error frecuente es donar o vender equipos sin evaluar su estado real. Si bien la reutilización es deseable, entregar residuos electrónicos a terceros sin controles puede generar problemas si esos equipos terminan descartados de forma inadecuada. Además, muchos dispositivos contienen información sensible que puede recuperarse si no se realiza un borrado seguro, exponiendo a la empresa a riesgos legales y reputacionales.
También es común recurrir a gestores no habilitados por desconocimiento o por priorizar costos bajos. Esta decisión puede derivar en que los residuos electrónicos sean manipulados sin controles, descartados en basurales informales o enviados a circuitos ilegales. En estos casos, la responsabilidad ambiental y legal sigue recayendo sobre la empresa generadora, incluso si ya no tiene los equipos en su poder.
Cómo evitar errores y gestionar residuos electrónicos de forma responsable
Evitar estos errores comienza por reconocer que los residuos electrónicos son residuos especiales que requieren procesos específicos y trazables. El primer paso es contar con una política interna clara que defina cómo se gestionan desde el momento en que un equipo queda fuera de uso. Esto incluye identificar responsables, establecer plazos de retiro y evitar el acopio innecesario.
Otro punto clave es trabajar exclusivamente con operadores habilitados, que garanticen que los residuos electrónicos serán tratados conforme a la legislación ambiental. Exigir documentación, certificados de disposición final y registros de transporte permite tener control sobre el destino de los residuos electrónicos y reducir riesgos ante auditorías o inspecciones.
La seguridad de la información es otro aspecto central. Antes de enviar equipos a reciclaje, es fundamental asegurar la eliminación definitiva de los datos. Incorporar procesos de borrado seguro o destrucción física de soportes evita filtraciones y protege la confidencialidad de la empresa. Este paso debe formar parte integral de la gestión de residuos electrónicos y no tratarse como una acción opcional.
Además, es importante capacitar al personal. Muchas malas prácticas surgen por desconocimiento. Informar a los equipos de IT, mantenimiento y administración sobre los riesgos asociados a los residuos y sobre los procedimientos correctos ayuda a prevenir errores desde el origen. La concientización interna reduce decisiones improvisadas y fortalece una cultura organizacional responsable.
Gestionar correctamente los residuos electrónicos también aporta beneficios estratégicos. Permite recuperar materiales, reducir costos asociados al almacenamiento, mejorar indicadores ambientales y fortalecer la imagen corporativa.
En definitiva, los errores en la gestión de estos residuos son evitables cuando existe planificación, información y compromiso. Adoptar buenas prácticas no solo protege al ambiente, sino que también resguarda a la empresa frente a riesgos legales, operativos y reputacionales. Gestionarlos de manera correcta es una decisión responsable que impacta positivamente tanto en el presente como en el futuro de la organización.
