Los RAEE y sus riesgos ocultos: qué sustancias contienen y por qué son peligrosas

Los RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) se han convertido en uno de los desechos de mayor crecimiento a nivel mundial. Aunque su apariencia suele pasar desapercibida, los RAEE esconden un conjunto de materiales y compuestos peligrosos que pueden generar graves consecuencias para la salud humana y el ambiente si no se gestionan correctamente. Equipos como computadoras, celulares, televisores, impresoras, monitores y electrodomésticos contienen metales pesados —como plomo, mercurio y cadmio— además de retardantes de llama bromados y otras sustancias tóxicas. Estas sustancias no representan un riesgo mientras los dispositivos están en uso, pero se vuelven altamente contaminantes cuando los RAEE son descartados de manera inadecuada.

Cuando los RAEE terminan en basurales informales, rellenos sanitarios comunes o se acumulan sin control, los componentes internos comienzan a degradarse. El plomo puede desprenderse de soldaduras, el mercurio puede filtrarse desde lámparas y pantallas, y el cadmio puede liberarse desde baterías y circuitos. Todos estos elementos tienen efectos nocivos comprobados: daños neurológicos, alteraciones renales, problemas respiratorios y trastornos en el desarrollo infantil. La exposición prolongada a los contaminantes de los RAEE incluso se ha asociado a enfermedades crónicas y desórdenes inmunológicos.

El problema se agrava porque los RAEE no se descomponen naturalmente. Permanecen durante décadas en el ambiente, filtrando sustancias tóxicas al suelo y las napas de agua, o liberándose al aire cuando son quemados de forma informal. Aunque muchas veces el daño no es visible de inmediato, el impacto de los RAEE puede acumularse silenciosamente durante años, afectando la calidad de vida de las comunidades cercanas a sitios de disposición inadecuada.


🌍 Un desafío ambiental creciente: cómo los RAEE contaminan ecosistemas y qué soluciones existen

Además del riesgo para la salud, los RAEE generan un profundo impacto en los ecosistemas. Cuando los metales pesados presentes en los RAEE se infiltran en el suelo, contaminan las plantas y los cultivos que crecen en esas áreas. Los cuerpos de agua cercanos pueden absorber estas sustancias, afectando peces, animales y toda la cadena alimentaria. Los RAEE mal gestionados también contribuyen al calentamiento global: los materiales plásticos y electrónicos emitidos durante la combustión informal liberan gases tóxicos y partículas que deterioran la calidad del aire.

Frente a este escenario, la solución pasa por implementar procesos de reciclaje y tratamiento especializado que permitan desarmar, clasificar y recuperar los materiales presentes en los RAEE de forma segura. Empresas como Evaluación Medioambiental SRL (EMA) cumplen un rol fundamental en Argentina, ya que gestionan los RAEE bajo normas ambientales estrictas y dentro del marco legal vigente. En su planta industrial, los RAEE se desguazan manual y mecánicamente, separando componentes reciclables y aislando aquellos que requieren tratamiento especial para evitar su liberación al ambiente.

Este modelo de gestión no solo evita la contaminación, sino que también permite recuperar metales y materiales valiosos que regresan a la industria, reduciendo la extracción de recursos naturales. Al mismo tiempo, se garantiza que los residuos peligrosos derivados de los RAEE reciban una disposición final segura, ya sea mediante tratamientos certificados o exportación a plantas especializadas.

En definitiva, comprender el impacto invisible de los RAEE es el primer paso hacia una gestión más responsable. Lo que hoy descartamos puede convertirse en un riesgo silencioso para generaciones futuras. Adoptar prácticas de reciclaje seguro, elegir operadores habilitados y promover la economía circular son acciones esenciales para proteger nuestra salud y preservar el ambiente.

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